En este país conseguir trabajo no es tan sencillo. En Guatemala uno podía ofrecer su consulta sin tanto lío, ponía una manta en una plaza y allí instalaba mis frascos con brebajes, mis hierbas y mis velas. La gente llegaba en bandadas. Aquí los brujos
tienen clínicas, con decorados profesionales, plantas raras y juguetes africanos. Se anuncian en la televisión o en
los periódicos y poseen un selecto grupo de clientes.
A mi, sin papeles ni clientes ni nada, me dejan fuera del negocio. Entonces empiezo a pensar en qué puedo trabajar, se me ocurren
algunas cosas… esta esuna de ellas, ya me dirán ustedes si le ven futuro.
Kit de manifestaciones.
Acaba de pasar el 1 de mayo, hubo manifestaciones por todas partes. Pero la verdad es que en este país no hace falta una fecha para protestar con algo,siempre hay gente inconforme que lo expresa sin empacho.
Salgo a la calle y me encuentro con gente protestando frente a las sedes de gobierno, en las plazas públicas, en todas partes. Pienso en cómo se organizarán, si les llevará mucho tiempo hacer las pancartas, los altoparlantes, la logística, vaya.
Mi propósito es facilitarles un poco la vida. Pienso crear la empresa “Organización de manifestaciones Ernesto Che Guevara”. Pretendo ofrecer varios paquetes ajustables a la
medida de la causa y del bolsillo. Aquí les va mi publicidad.
Paquete Comunista.
Incluye:
300 pancartas de cartón y palo de madera con la frase “exigimos…. “ Y un espacio blanco para que usted escriba su exigencia. 5 Mantas con la frase “Estamos en la lucha”, de 50 x 45, en tela de lino de altísima calidad. Resistente al agua. Opcionalmente puede grabarse la imagen del Che Guevara y/o Karl Marx.
2 altoparlantes.
Refrigerio preparado para todos los asistentes.
Disponemos también del servicio de gritadores (eufóricos, tímidos o violentos). Se alquilan por docena y por hora.
Además está ya a la venta el libro catalogo con frases pegajosas y rimas de protesta.
Llegué a España por la puerta grande, de la mano de la rubia binechora de la ONG. Iba a estar en Madrid tres días, dos en Barcelona y uno más en Sevilla. Unas vacaciones perfectas, vacaciones para mi, para ella era puro trabajo. Me llevaba de universidad en universidad, yo me aburría de repetir la misma historia. Su intención era que la gente de aquí conozca la realidad de los chamanes en el campo. Esa realidad, desde luego, era muy variable. A veces vivíamos en árboles, otras en construcciones de paja y adobe, así dependiende de la cara de la gente yo iba dando la historia. Cuando llegó la hora de irme ya no me dieron ganas. Aquí había de todo, me encariñé con la rubia y ella conmigo. Estoy ahora tratando de sobrevivir en Madrid.
La lluvia caia sofocando la tierra mojada. Nos cubríamos con las ramas de los árboles y bailabamos para agradecer el agua. Los niños corrían con grandes bolas de lodo llenas de gusanos, se aproximaban al lago a pescar la cena. Las mujeres preparaban el fuego. La danza iba cada vez más fuerte. Una interrupción. Chalí quería ir al baño. "No puedo bailar así, tengo que ir, porfavor, porfavor". Declaramos cinco minutos de descanso, pedí perdón a Quetzalcoatl por la interrupción y le prometí una danza más eufórica a la vuelta. Chalí se escondió detrás de los arbustos, desde el círculo de baile se le veían las nalgas. Segundos después regresaba pálido y sin aliento. Algo en medio de la selva le asustó.
-¿Qué diablos te pasa?, le pregunté ya colérico.
-Qué viene alguien, que vienen muchos, que son muchos, que traen armas, que son grandes...
Las palabras le temblaban en la garaganta. Las expulsaba como quien vómita después de una larga borrachera. Incoherente y con los ojos en una danza más exagerada que la que hacíamos antes.
No mentía. Bastaron dos minutos para que nosotros también los vieramos. Pensé lanzarles una maldición, por si las dudas. Pero los enormes ojos color de lago de la mujer que iba al frente me detuvieron.
-Soy Carol y vengo de España, dijo. Después explicó que trabajaba para una institución que ayudaba al tercer mundo y bla bla bla. Sólo le presnté atención cuando dijo que me llevaría con ella. Tendría que contar mis experiencias y mi vida en un país lejano. Volví la mirada y vi a mi gente: los niños regresaban llenos de lodo, con los dientes torcidos y la boca chueca, con los pantalones raídos y tierra en el pelo. Vi a las mujeres, robustas, oscuras, de enormes brazos anchos que solo sirven para cargar crios. También ví a mis compañeros de danza, con los pies torpes, escuálidos, inútiles. No dudé y me fui con la rubia de ojos de mar.
En la sierra de lo Cuchumatanes en Guatemala, no hay banco, no hay bóvedas, no hay cajas fuertes. Allí para protejer nuestros tesoros tenemos métodos más sencillos y muy por encima efectivos: las maldiciones. Así de simple, lanzamos una maldición eterna para quien tome nuestras cosas y ya está. No hace falta policía ni papeleo. La gente lo cree, todos tenemos la certeza de que si nos llevamos algo ajeno en la esquina va caer una tormenta, un lobo nos va a atacar, del cielo van a llover espinas, las cosechas se van a infectar, nos saldrán granos en la cara y en las piernas y nada volvera a ser como antes. Desde luego cuando uno sale de la sierra se da cuenta de que todo es mentira, una efectiva mentira.
Este es mi libro de memorias. La historia de cómo salí de la sierra y llegue a Madrid. Nada de esto es un invento. Todo lo que digo aquí es verdad, si fuese mentira que la maldición de los incas y taraumaras me caiga sobre la frente. Si el título les asusta entonces huyan, no lean más porque las maldiciones caen en mentes frágiles. Me llamo Agustíno Negraflor y aquí va mi vida en una pantalla.